El Laboratorio CITEC de la Universidad del Bío-Bío es el principal referente nacional en investigación aplicada, validación tecnológica y transferencia de conocimiento para la industria de la construcción. Su trabajo está permitiendo que empresas, desarrolladores e instituciones reduzcan la incertidumbre, aceleren la innovación y construyan sobre la base de evidencia concreta.
La construcción chilena está enfrentando uno de los mayores procesos de transformación de las últimas décadas. La entrada en vigencia de la RT 2025, la industrialización, la digitalización, la descarbonización y las crecientes exigencias de productividad están impulsando la incorporación de nuevas tecnologías, materiales y sistemas constructivos a una velocidad sin precedentes.
Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿cómo saber si una innovación realmente funcionará cuando sea aplicada a escala real?
La respuesta conduce a un concepto ampliamente utilizado en industrias tecnológicamente avanzadas, pero que adquiere cada vez mayor relevancia en el sector construcción: el pilotaje tecnológico.
Con frecuencia, el concepto de pilotaje se confunde con una vivienda demostrativa o una casa piloto comercial. Sin embargo, se trata de herramientas completamente distintas.
Una casa piloto tiene como objetivo mostrar terminaciones, espacios y atributos para facilitar la venta de un proyecto inmobiliario. Su foco está puesto en el comprador.
El pilotaje tecnológico, en cambio, busca generar evidencia. Consiste en implementar una innovación en condiciones reales, pero todavía controladas, para observar su comportamiento, medir resultados, identificar riesgos y aprender antes de una implementación masiva.
No busca vender; busca validar.
No busca impresionar; busca aprender.
Por ello, incorpora instrumentación, sensores, protocolos de monitoreo y mecanismos de evaluación que permitan obtener información objetiva sobre el desempeño real de las soluciones ensayadas.
Toda innovación recorre diversas etapas de desarrollo. Primero surge una idea, luego un modelo conceptual y posteriormente un prototipo destinado a verificar principios de funcionamiento o factibilidad técnica. En algunos casos se desarrolla un producto mínimo viable (MVP) para validar aspectos comerciales.
Sin embargo, estas primeras etapas suelen desarrollarse a escala reducida y en condiciones controladas de laboratorio. Corresponden habitualmente a niveles de madurez tecnológica tempranos, conocidos internacionalmente como TRL (Technology Readiness Levels). En etapas como TRL 3 o TRL 4, el objetivo principal es demostrar que una determinada tecnología puede funcionar.
Pero demostrar que algo funciona en laboratorio no significa necesariamente que funcionará en condiciones reales de operación.
Muchos de los desafíos más complejos aparecen cuando la tecnología se construye a tamaño real, interactúa con usuarios reales, enfrenta condiciones climáticas reales o debe integrarse a procesos productivos reales.
Precisamente aquí surge una de las principales dificultades para innovar en construcción. La mayoría de las empresas dispone de infraestructura diseñada para producir, no para experimentar. Sus instalaciones, equipos y recursos están optimizados para responder a exigencias operacionales y comerciales, por lo que destinar capacidades a validación tecnológica, monitoreo o experimentación suele resultar costoso y difícilmente compatible con la operación diaria.
Como consecuencia, muchas innovaciones logran superar exitosamente la etapa de laboratorio, pero encuentran dificultades para avanzar hacia aplicaciones reales. Otras llegan al mercado sin una validación suficiente, aumentando el riesgo de fallas, sobrecostos o elevados costos de postventa.
Por esta razón, antes de llegar al mercado resulta indispensable recorrer una etapa intermedia: el escalamiento y pilotaje tecnológico.
El pilotaje consiste en construir y operar una solución a tamaño real o en condiciones representativas de uso, incorporando instrumentación, monitoreo y procedimientos de evaluación que permitan verificar objetivamente su desempeño.
Es aquí donde pueden evaluarse aspectos que difícilmente pueden estudiarse exclusivamente en laboratorio, tales como:
En otras palabras, el pilotaje transforma una promesa tecnológica en evidencia verificable.
La RT 2025 está impulsando un cambio profundo en la forma de entender la construcción. La industria está transitando desde una lógica basada en especificaciones hacia una lógica basada en desempeño verificable.
Ya no bastará con declarar que una solución funcionará; será necesario demostrarlo.
En este contexto, el pilotaje adquiere un papel estratégico, porque permite construir evidencia sobre aspectos que resultan difíciles de verificar únicamente mediante cálculos o ensayos de laboratorio.
Variables como eficiencia energética, hermeticidad, ventilación, comportamiento higrotérmico, confort, productividad, industrialización o durabilidad pueden evaluarse bajo condiciones reales de uso, generando información de enorme valor para empresas, desarrolladores, organismos públicos y usuarios finales.
Uno de los principales aportes del pilotaje es la reducción de incertidumbre.
Implementar una innovación directamente a gran escala puede implicar riesgos técnicos, económicos y reputacionales importantes.
El pilotaje permite detectar tempranamente errores de diseño, dificultades constructivas, problemas de operación o diferencias entre el desempeño esperado y el desempeño real.
En términos simples, permite equivocarse cuando todavía es posible corregir.
Por ello, las industrias más innovadoras del mundo pilotan sistemáticamente antes de escalar. No porque desconfíen de sus soluciones, sino porque entienden que la evidencia reduce riesgos y mejora las decisiones.
Consciente de esta necesidad, la Universidad del Bío-Bío ha desarrollado ECOPI UBB, un ecosistema concebido específicamente para apoyar procesos de experimentación, validación y pilotaje tecnológico en construcción.
La plataforma integra capacidades de investigación aplicada, laboratorios, prototipado, monitoreo, evaluación de desempeño y transferencia tecnológica, permitiendo acompañar a empresas e instituciones en el proceso de transformar innovaciones en soluciones verificadas.
Más que un espacio físico, ECOPI busca constituirse en una infraestructura para la construcción basada en evidencia, donde las ideas puedan transformarse en conocimiento verificable y donde la innovación pueda avanzar con menor incertidumbre y mayor confianza.
La construcción del futuro no dependerá únicamente del desarrollo de nuevas tecnologías. Dependerá también de la capacidad de demostrar que esas tecnologías funcionan.
En un escenario donde la productividad, la sostenibilidad y el desempeño verificable serán cada vez más relevantes, el pilotaje comienza a transformarse en una herramienta estratégica para toda la industria.
Porque antes de escalar, conviene validar.
Y porque la mejor forma de reducir la incertidumbre sigue siendo construir evidencia.