Tendencias del sector construcción

Escuelas que respiran: el desafío de ventilar

La ventilación ha pasado de ser un aspecto secundario a convertirse en un componente esencial del diseño arquitectónico por su impacto sobre la calidad de los espacios interiores. La pandemia de COVID-19 puso en evidencia su rol crítico en la reducción del riesgo de transmisión de enfermedades respiratorias, respaldando lo que hoy es una sólida evidencia científica: una ventilación adecuada influye directamente en el confort, la salud, el bienestar y el desempeño cognitivo de las personas. En las escuelas, donde niños y docentes permanecen gran parte del día, garantizar una adecuada renovación del aire constituye una condición básica para el aprendizaje y la habitabilidad.

En Chile, al igual que en la mayor parte del mundo, las escuelas dependen principalmente de la ventilación natural. La renovación del aire se produce mediante la apertura manual de ventanas, puertas o celosías, sin apoyo de sistemas mecánicos. Se trata de una estrategia pasiva que ofrece claras ventajas desde la perspectiva del consumo energético y la sostenibilidad al evitar el uso masivo de equipos de climatización. Sin embargo, en el día a día operativo, alcanzar de forma simultánea una buena calidad del aire interior y condiciones aceptables de confort térmico representa un desafío complejo.

Los resultados preliminares del proyecto Fondecyt 1241581, “Escuelas que Respiran” —que monitoreó de forma continua durante un semestre académico aulas naturalmente ventiladas en Santiago y Concepción— muestran la complejidad del fenómeno. En las salas analizadas en Santiago se observó que solo durante una parte de la jornada escolar se alcanzan simultáneamente condiciones aceptables de confort térmico y calidad del aire. Durante el invierno, la necesidad de conservar el calor reduce la apertura de ventanas para ventilar, favoreciendo la acumulación de contaminantes interiores. Además, se observaron prolongados periodos de bajas temperaturas al interior de las aulas. En cambio, hacia la primavera surgen episodios de sobrecalentamiento, evidenciando que el problema no se limita únicamente al frío.

Parte de esta situación responde a la dinámica operativa escolar. En ausencia de ventilación mecánica, predomina la “ventilación por purga”: las ventanas permanecen cerradas durante las clases para evitar el frío y se abren principalmente en los recreos. Como consecuencia, la concentración de contaminantes aumenta progresivamente durante la hora de clase, alcanzando sus niveles máximos justo antes de cada recreo.

Frente a esto, la arquitectura desempeña un papel determinante. La densidad de ocupación es una variable crítica que debe revisarse con atención, especialmente dadas las limitaciones de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC), que establece un estándar mínimo de apenas 1,1 m2 y 3 m3 por estudiante; valores extremadamente bajos, cercanos al hacinamiento, que impactan de forma significativa en la calidad del aire. Además, factores como la altura de las aperturas y la superficie de las ventanas operables en relación al número de ocupantes ha demostrado influir sobre la ventilación para alcanzar una adecuada calidad del aire y refrescamiento estival.

En este contexto, la reciente actualización de la OGUC constituye un avance relevante. La incorporación de exigencias de caudales mínimos de ventilación para nuevas edificaciones escolares marca un cambio respecto a los criterios tradicionales, basados solo en superficies de ventanas operables. No obstante, el desafío mayor sigue estando en el enorme parque de establecimientos existentes. La ventilación natural puede ser eficiente, pero exige un diseño riguroso en cuanto a densidad, dimensión y ubicación de aperturas, además de promover patrones de ventilación continua y no solo puntual durante los recreos.