Tendencias del sector construcción

IMPORTANCIA DEL PROGRAMA ARQUITECTÓNICO en el layout, permisología y rendimiento de las instalaciones temporales

Como lo he tratado en artículos anteriores, las instalaciones temporales juegan un rol fundamental en el desarrollo y éxito de los grandes proyectos, en particular las Instalaciones de Faenas (IIFF), dejando de lado los Campamentos modulares, que ya están medianamente resueltos, aunque siempre con oportunidades de mejora en contexto de cada proyecto y lugar de emplazamiento.

Dada la importancia de las IIFF, optimizar su Programa Arquitectónico es crítico para que aporten de forma eficaz y segura al desarrollo de los proyectos, para lo cual resulta útil recoger algunas las premisas y principios que publicó Isidro Suarez en su artículo “El Programa Arquitectural como entelequia del proyecto”. Si bien las IIFF no son el proyecto propiamente tal, sino que auxilian la construcción de este, usualmente mediante contenedores marítimos o similares, la correcta o incorrecta constitución de su Programa puede tener implicancias en la permisología, seguridad, costos, eficiencia en la ejecución del programa de construcción y calidad de vida en las faenas.

El Programa es el primer esbozo de la configuración del proyecto, apuntando al Partido General, el cual, a su vez, es la idea central, la respuesta inicial y creativa que propone un arquitecto o arquitecta para resolver un problema funcionando como esquema, layout o bosquejo rector que organiza la distribución de los espacios, la volumetría y la relación con el entorno.

Para Suarez, el Programa aparece primero como una petición para la constitución del proyecto; segundo, esta constitución del proyecto, para serlo, debe ser un estudio; y, en tercer lugar, este estudio comporta básicamente un análisis que recoge en diversos sistemas lógicos los constituyentes del proyecto, pero trasciende los sistemas lógicos y el cálculo que lo constituyen, dado que requiere, por parte del arquitecto o arquitecta, una decisión sintiente de la realidad que encara.

Lo que menciona no es trivial, por el contrario, es el meollo y trascendencia del Programa y su elaboración será más eficiente habiendo sido un observador implicado en los fenómenos propios de las dinámicas de terreno, habiendo experimentado cómo funcionan las cosas, cómo no funcionan y cómo funcionarían mejor. Esta elaboración realista es algo que no siempre ocurre en etapas tempranas como es la constitución del PAS160.

Para Suarez el Programa Arquitectural (así lo llama), no es una mera condición instrumental reducida a un listado de recintos y metros cuadrados, por el contrario, lo eleva a un rango ontológico y filosófico riguroso, al entenderlo como entelequia del proyecto que debe cumplir tres principios básicos, el tercero de los cuales indica:

“El proyecto se «ejecuta» en el tiempo y no en el espacio, por lo cual existe un proceso de los actos que allí se realizan. Ahora bien, estos actos prevalecen a una combinatoria que desplegará a lo largo del curso vital del proyecto, y el Programa debe lógicamente articular ese «lugar», esa «matriz» para acoger sin contradicciones las múltiples configuraciones que se presentarán por los cambios de uso y destinos.”

Aquí recoge dos puntos relevantes. Primero, a diferencia de la obra, que se ejecuta en el espacio, el proyecto se ejecuta en el tiempo, “es sólo algo cuando es una planta de la realidad…planta en que están configurados los estados de las cosas cuya totalidad representan los hechos arquitectónicos.”

Segundo, el potencial del Programa para acoger cambios: “Es crucial para hacer un análisis programático individualizar la noción jerárquica que manda, sin ella las conclusiones que se obtengan serán inconsistentes, se creerá haber dado flexibilidad a un plano sencillamente, porque no se ha fijado claramente la estructura jerárquica que deberá poseer, cuando dar flexibilidad a un plano es positivamente dar la posibilidad de libre cambio de la jerarquización que presenta dicho plano.”

Si vemos esto desde el punto de vista de los permisos que son propios para las instalaciones temporales, tenemos al menos tres posibilidades:

  1. Definir correctamente el Programa y los Layouts con precisión ajustada a la realidad futura en etapas tempranas (conformación de los PAS160).
  2. Asumir los cambios y jugar con la flexibilidad que ofrece la normativa actual de PAS160 a anteproyecto IFC y de anteproyecto IFC a proyecto en Permiso de Edificación.
  3. Permitir mayores márgenes de flexibilidad para las instalaciones temporales, particularmente cuando se trate de la Obras Auxiliares (IIFF tramitadas según el art. 5.1.3. de la OGUC) que no son el proyecto en sí, sino que ayudan a su construcción.

Los puntos 2 y 3 son meramente normativos, pero el punto 1 es el que trata este artículo y con la cita final de Suarez respecto al Programa: “no es solamente por falta de metros cuadrados que no es posible hacer que ciertas cosas funcionen, también aunque existan los metros cuadrados no es posible por la configuración concreta que se ha dado a los datos del problema”.