Tendencias del sector construcción

La productividad se diseña antes de llegar a obra

Escrito por Revista Negocio & Construcción | Jul 7, 2026 7:56:50 PM

La productividad en la construcción no mejora con más fuerza bruta en obra. Mejora cuando se decide construir de forma inteligente desde la primera línea del diseño.

Esa idea, que parece simple, puede ser una de las conversaciones más estratégicas para Chile y Latinoamérica. Durante años hemos intentado mejorar los proyectos agregando más cuadrillas, más supervisión, más presión contractual y más reuniones de urgencia. Pero la obra no siempre falla por falta de esfuerzo. Muchas veces falla porque llega a terreno con decisiones mal integradas, diseños poco construibles, interferencias no resueltas y una cadena de suministro que entra tarde a la conversación.

Singapur entendió esto hace más de dos décadas. Building and Construction Authority, BCA, implementó desde 2001 regulaciones de buildability y productividad para reducir dependencia de mano de obra y elevar eficiencia. Su enfoque separa dos conceptos clave: el Buildable Design Score, que evalúa qué tan productivo y estandarizable es el diseño, y el Constructability Score, que mide la adopción de métodos constructivos que ahorran mano de obra en obra. En proyectos mayores a 5.000 m² de área construida, estos puntajes mínimos son parte del cumplimiento exigido.

La evolución natural de ese enfoque es el marco integrado B+C, Buildability + Constructability. Su mensaje es contundente: la productividad no puede seguir siendo un KPI tardío de obra. Debe convertirse en una restricción de diseño, de ingeniería, de compras, de prefabricación, de montaje y de operación. BCA plantea mover las consideraciones de constructabilidad y manufactura hacia la etapa de planeación y diseño, apoyándose en DfMA, Integrated Digital Delivery, robótica y automatización.

Para Chile, esta discusión no es académica. La Comisión Nacional de Evaluación y Productividad ha identificado que, sin importar el indicador utilizado, la productividad de la construcción chilena es menor al promedio OCDE y al resto de la economía nacional. Su estudio registró 135 hallazgos y 72 recomendaciones, incluyendo atrasos, tramitología, baja capacitación y bajo uso tecnológico.

¿seguiremos gestionando la productividad como un problema de capataz o la llevaremos al nivel donde realmente se define el costo, el plazo y la calidad del proyecto?

Mi respuesta es directa: si queremos construir mejor, debemos diseñar mejor. Pero diseñar mejor no significa producir planos más bonitos ni más detallados. Significa diseñar con lógica de producción.

Eso implica tres cambios de gestión.

Primero, que arquitectura, estructura, instalaciones, presupuesto, compras y construcción trabajen desde etapas tempranas como un solo sistema productivo. No como silos que se transfieren problemas.

Segundo, que el diseño se evalúe por su capacidad de ser construido con flujo, repetición, seguridad, prefabricación, montaje claro y menor variabilidad. Un diseño que no conversa con la logística no es diseño completo.

Tercero, que los dueños e inversionistas pidan indicadores de productividad antes de aprobar decisiones. No solo metros cuadrados vendibles, renders y presupuestos preliminares, sino también secuencias constructivas, paquetes de trabajo, restricciones, takt, prefabricación posible y estrategia de suministro o de logística.

El sector no necesita romantizar la tecnología. Necesita usarla con intención. BIM, IA, tableros de control, DfMA y automatización solo generan valor cuando están conectados a decisiones tempranas de producción. De lo contrario, digitalizamos el desorden.

La construcción latinoamericana tiene talento, resiliencia y experiencia. Pero está atrapada en una contradicción: exige productividad en obra, mientras permite que la improductividad nazca en el diseño. Ahí está el cuello de botella.

La próxima frontera competitiva no será construir más rápido a cualquier costo. Será diseñar proyectos más construibles, contratables, medibles y controlables desde el día cero.

Porque la obra inteligente no empieza cuando entra la primera cuadrilla. Empieza cuando alguien, en la primera línea del diseño, decide que cada trazo debe poder convertirse en flujo, valor y certeza.