Tendencias del sector construcción

Prefabricación en hormigón: una respuesta resiliente y sostenible

Escrito por Íria Doniak, Columnista de Revista Negocio & Construcción | Feb 20, 2026 1:00:00 PM

La resiliencia es un concepto cada vez más presente en los debates sobre el futuro de las ciudades, las infraestructuras y la sociedad en su conjunto. En un mundo marcado por el cambio climático, el crecimiento urbano acelerado y la creciente frecuencia de eventos extremos, ser resiliente significa tener la capacidad de resistir, adaptarse y recuperarse ante la adversidad. En el contexto de la construcción, la resiliencia está directamente asociada a la capacidad de las estructuras para mantener su desempeño, seguridad y funcionalidad incluso cuando se ven sometidas a acciones excepcionales.

Desde el punto de vista estructural, la ingeniería del hormigón desempeña un papel estratégico frente a un abanico cada vez más amplio de acciones adversas. Además de los sismos, adquieren especial relevancia escenarios asociados a explosiones, impactos y acciones intencionadas, especialmente en el actual contexto geopolítico, marcado por conflictos armados y ataques a infraestructuras críticas. En estas situaciones, la resiliencia estructural está estrechamente vinculada a la capacidad de limitar daños localizados, evitar colapsos progresivos y proteger vidas humanas.

Un concepto clave en este marco es la redundancia estructural. Las estructuras redundantes disponen de múltiples caminos de carga, lo que permite redistribuir esfuerzos tras la pérdida parcial de elementos. Esta característica reduce la probabilidad de colapsos desproporcionados y aumenta la robustez global del sistema, lo que constituye un requisito esencial para un comportamiento adecuado frente a acciones extremas.

La ingeniería del hormigón ofrece soluciones particularmente eficaces para la incorporación de redundancia, ductilidad y disipación de energía. La prefabricación en hormigón, cuando se concibe correctamente, potencia estas características. Los sistemas prefabricados contemporáneos aprovechan el papel de las uniones como componentes estructurales activos, capaces de transmitir esfuerzos alternativos, disipar energía y controlar los mecanismos de daño.

Las uniones pueden incorporar dispositivos de amortiguamiento, zonas fusibles y un comportamiento no lineal controlado, tanto para acciones sísmicas como frente a explosiones. La segmentación inherente a la prefabricación, combinada con un adecuado detallado, contribuye a la compartimentación de daños y al mantenimiento de caminos de carga alternativos, facilitando estrategias de rápida recuperación funcional.

Para que estos beneficios se materialicen, el proyecto estructural debe orientarse hacia la resiliencia desde las fases iniciales. El conceptual design es determinante en la definición del sistema resistente, la jerarquía de resistencias y el nivel de redundancia deseado. Las decisiones adoptadas en esta etapa condicionan directamente el comportamiento de la estructura frente a eventos extremos.

A primera vista, la búsqueda simultánea de la descarbonización y la resiliencia puede parecer un planteamiento paradójico. Sin embargo, se trata de un equilibrio necesario entre dos cuestiones fundamentales. Las estructuras resilientes, duraderas y robustas reducen pérdidas, intervenciones y reconstrucciones, contribuyendo a un uso más eficiente de los recursos a lo largo de su ciclo de vida.

La relevancia de estos conceptos es reconocida por entidades técnicas internacionales como la fib (International Federation for Structural Concrete), que aborda en sus boletines el comportamiento sísmico y la robustez de las estructuras prefabricadas de hormigón. De este modo, la ingeniería del hormigón y la prefabricación se consolidan como herramientas esenciales para afrontar un mundo cada vez más complejo, promoviendo la seguridad, el desempeño y un equilibrio real entre resiliencia y descarbonización.