La integración minera entre Chile y Argentina vuelve a posicionarse como una alternativa estratégica para enfrentar los desafíos de la transición energética y el crecimiento de la demanda por minerales críticos. En esta entrevista, Juan Carlos Ahumada S., especialista en procesos mineros y gestión de proyectos, analiza las oportunidades que ofrece una mayor colaboración binacional, las barreras que aún persisten y los factores que permitirían transformar esta complementariedad en una ventaja competitiva para ambos países y para toda la minería andina.
¿Por qué considera que hoy es el momento adecuado para fortalecer la integración minera entre Chile y Argentina?
Ambos países atraviesan una coyuntura especialmente complementaria. Argentina posee una creciente cartera de proyectos de cobre, litio, oro y plata, mientras Chile cuenta con experiencia operacional, ingeniería, proveedores especializados, infraestructura portuaria y capacidades metalúrgicas desarrolladas durante décadas. La reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera de 1997 abre una oportunidad para transformar esa complementariedad en proyectos concretos.
La transición energética está elevando la demanda por minerales críticos, pero también exige operaciones más eficientes, trazables y responsables. Integrarse no significa que un país sustituya al otro, sino construir un distrito minero andino capaz de compartir conocimiento, infraestructura y estándares, aumentando la competitividad de ambos.
Más allá de acuerdos comerciales específicos, ¿qué oportunidades concretas ofrece una mayor colaboración entre ambos países?
La primera oportunidad es tecnológica: transferir experiencia chilena en procesamiento de minerales, eficiencia hídrica, desalinización, gestión de relaves, automatización, mantenimiento y desarrollo de proyectos, incorporando también las capacidades geológicas, científicas y territoriales argentinas.
La segunda es desarrollar infraestructura compartida: corredores logísticos, pasos fronterizos, energía, telecomunicaciones, puertos y servicios especializados. Esto permitiría reducir duplicidades y hacer viables proyectos que, evaluados aisladamente, pueden resultar más costosos.
La tercera es formar capital humano binacional mediante programas conjuntos entre empresas, universidades, centros tecnológicos y comunidades. La integración será sostenible solamente si genera proveedores locales, empleo calificado e innovación aplicada en las regiones involucradas.
¿Cuáles son las principales barreras que aún impiden una integración más profunda?
La barrera principal no es geológica, sino institucional. Persisten diferencias tributarias, aduaneras, laborales, ambientales y de permisos, además de ciclos políticos que dificultan mantener reglas estables durante proyectos cuya evaluación, construcción y operación requieren décadas.
También existen brechas de infraestructura, conectividad fronteriza y coordinación entre organismos públicos. A ello se suma un desafío decisivo: construir legitimidad social. Los proyectos binacionales deben abordar tempranamente el agua, los glaciares, la biodiversidad y los impactos acumulativos, con información común, participación efectiva y beneficios territoriales verificables. Sin confianza pública, ningún tratado será suficiente.
¿Qué aspectos le gustan de Revista y Radio Negocio & Construcción?
Valoro su capacidad para conectar minería, construcción, ingeniería e innovación mediante contenidos técnicos accesibles. Su formato multicanal permite que experiencias que normalmente permanecen dentro de empresas o proyectos lleguen a profesionales, proveedores y estudiantes.
Ese rol de difusión es relevante porque transforma conocimiento especializado en aprendizaje compartido, entrega visibilidad a distintos actores del ecosistema productivo y promueve una conversación sectorial más amplia.