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Gestión del diésel como primera medida de descarbonización

Escrito por Revista Negocio & Minería | Sep 12, 2026, 12:00:00 PM

Cuando se habla de descarbonización en minería, la conversación suele centrarse en los grandes proyectos, camiones eléctricos, trolley assist, baterías o hidrógeno. Son iniciativas necesarias, pero también de largo plazo. Mientras esa transición avanza, existe una oportunidad inmediata —y muchas veces subestimada— para reducir emisiones, bajar costos y mejorar productividad y competitividad, gestionar mejor el diésel que hoy sigue moviendo la mayor parte de la operación.

La electrificación completa de una faena puede tomar años, probablemente décadas, y depende de renovación de equipos, disponibilidad tecnológica e inversiones que ninguna compañía puede acelerar por sí sola. Mientras eso ocurre, el diésel va a seguir siendo el principal responsable de las emisiones directas. Esperar la llegada del próximo camión eléctrico para reducir el Alcance 1 es, probablemente, el mayor error estratégico que una operación puede cometer.

El problema es que, en muchas faenas, el diésel todavía se administra más de lo que se gestiona. Se controla cuánto se compra, cuánto queda en los estanques o cuánto se despacha, pero pocas veces se entiende dónde y por qué se consume. Administrar permite abastecer la operación, mientras que gestionar permite optimizarla.

Cada punto porcentual de reducción tiene un doble efecto, menos costo sumado a menos emisiones de Alcance 1. Pero para capturar ese porcentaje, primero hay que confiar en los datos. Muchas operaciones creen tener buen control del combustible, hasta que revisan la trazabilidad y aparecen diferencias en despachos manuales, transferencias internas o registros poco consistentes. Cuando el dato es deficiente, la estrategia entera parte sobre una base débil.

Pero medir tampoco es suficiente. El valor real aparece cuando el consumo deja de ser solo un número mensual y se convierte en información que permite decidir. Si un gerente explica por qué un molino consumió más electricidad que el mes anterior, también debería poder explicar por qué un CAEX consumió 8% más diésel que otro en condiciones similares. Si esa respuesta no existe, tampoco existe gestión.

Hace algunos años participé en un análisis comparativo entre dos turnos que operaban la misma flota de CAEX, en la misma ruta y bajo condiciones prácticamente idénticas. La única diferencia relevante era la forma de conducir de los operadores, y ello generaba una diferencia cercana a 7% en consumo. Ese ejercicio nos confirmó algo que muchas veces olvidamos: Antes de incorporar nuevas tecnologías, hay que revisar el enorme potencial en cómo usamos las ya disponibles.

Lo mismo ocurre con el mantenimiento: Presión correcta de neumáticos, filtros en buen estado, lubricantes adecuados o caminos bien conservados habilitan la reducción constante y sostenida en materia de consumos. No aparecen en titulares, pero suelen entregar resultados más consistentes y permanentes que algunas soluciones que prometen ahorros extraordinarios.

Los aditivos para combustible son un buen ejemplo. Más allá de los resultados de laboratorio ¿la operación puede demostrar estadísticamente que ese ahorro ocurrió?. En muchas faenas, la variabilidad normal del proceso es mayor que el beneficio esperado, y distinguir un efecto real de una fluctuación se vuelve casi imposible. Antes de buscar soluciones milagrosas, conviene asegurar que el sistema de medición sea capaz de detectarlas.

Quizás el mayor desafío no sea tecnológico, sino organizacional. El combustible depende del abastecimiento, la eficiencia energética de otra área, el mantenimiento de otra gerencia, y la descarbonización de sostenibilidad. Cada equipo optimiza su propio indicador, pero pocas veces alguien optimiza el sistema completo, y ahí se pierden las mayores oportunidades.

Nada de esto significa postergar la electrificación. Al contrario. HVO, trolley, baterías o hidrógeno marcarán el futuro de la minería. Pero cambiar la fuente no reemplaza la necesidad de gestionarla bien, hoy y después.

Durante las próximas décadas van a convivir motores diésel, equipos eléctricos, sistemas híbridos y soluciones que hoy recién empiezan a desarrollarse. La competitividad no va a depender solo de qué tecnología compre una compañía, sino de su capacidad para entender, controlar y optimizar cada unidad de energía que consume. La descarbonización no comienza cuando llega el primer camión eléctrico, comienza cuando cada litro de combustible puede explicarse. Y el combustible más barato —y el que menos emisiones genera— sigue siendo aquel que nunca fue necesario quemar.