Teleféricos: conectar personas también es construir ciudad

Durante mucho tiempo, los teleféricos fueron asociados principalmente al turismo. Sin embargo, distintas ciudades han demostrado que pueden ser mucho más: infraestructura de transporte capaz de acercar a las personas a sus trabajos, centros de estudio, servicios, espacios públicos y también a lugares que antes parecían demasiado alejados.

El concepto es sencillo, pero su impacto puede ser enorme. Allí donde la geografía dificulta construir nuevas vías, los sistemas de transporte por cable permiten conectar puntos de manera directa, atravesando desniveles y reduciendo significativamente los tiempos de desplazamiento.

Chile ya tiene experiencia con esta tecnología. El Teleférico Santiago, en el Parque Metropolitano, incorporó durante 2026 la nueva Línea Pío Nono, ampliando las alternativas de acceso y movilidad dentro de uno de los principales espacios urbanos y turísticos de la capital. Pero el desafío más interesante está en llevar esta solución desde el ámbito turístico hacia el transporte público.

En esa dirección avanza el Teleférico Bicentenario, proyecto que conectará las comunas de Providencia, Las Condes, Vitacura y Huechuraba. La iniciativa contempla cerca de 3,4 kilómetros y permitirá realizar en aproximadamente 13 minutos un trayecto que actualmente puede tomar cerca de 45 minutos. Su capacidad alcanzará aproximadamente 6.000 pasajeros por hora en ambos sentidos y su puesta en servicio está proyectada para 2027.

Pero Santiago no es el único lugar donde esta conversación está ocurriendo. El Ministerio de Obras Públicas también ha incorporado proyectos de transporte por cable en ciudades como Talcahuano y Valparaíso, demostrando que Chile comienza a mirar los teleféricos como parte de una estrategia de movilidad urbana.

Y aquí aparece un caso que merece especial atención: Iquique y Alto Hospicio.

El proyecto de Teleférico Alto Hospicio–Iquique contempla aproximadamente 5,7 kilómetros de extensión y permitirá conectar ambas comunas en cerca de 16 minutos. Tendrá una capacidad máxima estimada de 2.000 pasajeros por hora y sentido y considera una inversión referencial cercana a los US$126 millones.

La necesidad parece evidente. El Censo 2024 registró 142.086 habitantes en Alto Hospicio. Miles de personas se desplazan diariamente hacia Iquique por razones laborales, educacionales, comerciales, de salud y de servicios. En este contexto, mejorar la conectividad no es solamente una discusión sobre transporte: es una discusión sobre oportunidades.

Para comprender lo que puede significar una infraestructura de este tipo, basta mirar a Medellín.

En 2004 comenzó a operar la Línea K del Metrocable, conectando sectores de ladera con el sistema de transporte de la ciudad. La línea tiene 2,07 kilómetros y, durante sus primeros 20 años, movilizó más de 260 millones de pasajeros. En 2024 transportaba alrededor de 45.000 personas diariamente.

La experiencia de Medellín es especialmente relevante porque demuestra que el teleférico puede ser mucho más que una alternativa de movilidad. Puede convertirse en una herramienta de integración urbana. Al conectar territorios históricamente aislados con el resto de la ciudad, también conecta a sus habitantes con empleos, educación, comercio, salud y nuevas posibilidades.

Actualmente, Medellín cuenta con seis líneas de Metrocable integradas a su sistema de transporte. La cifra más importante, sin embargo, no está solamente en los kilómetros construidos o en las estaciones: está en los millones de viajes que permiten que las personas lleguen donde necesitan estar.

Chile tiene hoy la oportunidad de aprender de esa experiencia que tuve la oportunidad de vivir durante mi visita a la ciudad por invitación a EXPOCAMACOL 2026.

En Iquique–Alto Hospicio, el proyecto ya existe, fue licitado y tiene un cronograma que considera la construcción desde 2028 y la entrada en operación definitiva hacia 2030. Por eso, la pregunta ya no debería ser si necesitamos estudiar la posibilidad de un teleférico.

La pregunta es por qué, si la necesidad de conectividad es evidente y existe un proyecto concreto, tendremos que esperar hasta 2030 para que más de 142 mil habitantes de Alto Hospicio cuenten con esta alternativa de conexión con Iquique.

La movilidad del futuro no necesariamente estará solamente sobre rieles o carreteras. También puede estar en el aire.

Y cuando una infraestructura permite que una persona llegue más rápido a su trabajo, que un estudiante acceda con mayor facilidad a su centro de estudios o que una familia pueda desplazarse hacia un servicio, un parque o un lugar de encuentro, estamos hablando de algo mucho más importante que transporte.

Estamos hablando de construir ciudades más conectadas, accesibles e integradas.