Gestión del riesgo para fortalecer la resiliencia empresarial y la competitividad del sector

Los riesgos climáticos, la presión sobre los recursos naturales, las disrupciones en las cadenas de suministro y las nuevas exigencias regulatorias han marcado un escenario complejo y cambiante para la construcción sostenible, poniendo en juego la continuidad operativa, costos, cronogramas, reputación y competitividad de las organizaciones. En este contexto, comprender cómo los riesgos, oportunidades e impactos más relevantes afectan al sector y traducirlos en herramientas concretas para la toma de decisiones, la gestión empresarial y el acceso a financiamiento sostenible, se vuelve vital para asegurar la permanencia y resiliencia de las empresas.

Con este propósito el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), con el acompañamiento técnico de las firmas consultoras Marsh y Myzelio, y el respaldo de BID Invest y GBCI, desarrolló un estudio de análisis de riesgos corporativos bajo una perspectiva de doble materialidad, que identifica, prioriza y valora los riesgos, oportunidades e impactos más relevantes para la cadena de valor, y dio origen a la publicación ”Análisis de Riesgos y Doble Materialidad – Crecimiento Resiliente: Caso Colombiano”, diseñada para fortalecer la toma de decisiones en el sector de la construcción sostenible en Colombia y con potencial de replicarse en otros países de la región.

Los hallazgos priorizan 9 asuntos materiales, que agrupan 29 riesgos, de los cuales 7 se consideran críticos, entre ellos están la baja trazabilidad de materiales, la exposición a eventos climáticos extremos, la inestabilidad en la cadena de suministro y los riesgos financieros asociados a liquidez y continuidad de proyectos. En contraste, se identifican 16 oportunidades estratégicas vinculadas con la circularidad de materiales, la descarbonización, la innovación y el acceso a financiamiento sostenible. La principal conclusión es contundente, una gestión estructurada del riesgo fortalece la resiliencia empresarial y mejora la competitividad del sector. 

Una de las contribuciones más valiosas del análisis es la incorporación del enfoque de doble materialidad, que evalúa simultáneamente cómo los riesgos ambientales y sociales afectan a las empresas, y cómo las actividades del sector generan impactos en el entorno y en la sociedad civil. Este enfoque, alineado con los nuevos estándares internacionales en sostenibilidad, permite a las organizaciones contar con métricas verificables, comparables y útiles para el diálogo con instituciones financieras, inversionistas, aseguradoras y aliados estratégicos.

Si bien el estudio se desarrolló en Colombia, la metodología es totalmente replicable en otros países de América Latina y el Caribe. Adaptarla a los marcos regulatorios y características locales permitiría entender el panorama de riesgos a nivel regional y fortalecer la toma de decisiones en mercados que comparten retos comunes como la exposición al cambio climático, la necesidad de infraestructura resiliente y la urgencia de avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles.

Así, una correcta gestión del riesgo no solo fortalece la resiliencia empresarial, sino que reduce pérdidas y costos operativos, aumenta la durabilidad y el desempeño de los activos, fortalece la trazabilidad y la gobernanza, y mejora el perfil de las organizaciones frente a aseguradoras, inversionistas y demás grupos de interés. Estos elementos habilitan mejores condiciones de financiamiento sostenible, permiten implementar acciones estratégicas para la toma de decisiones, aumentan la capacidad de adaptación a riesgos emergentes y posicionan a las empresas en un escenario donde la sostenibilidad es un factor determinante de desempeño.

Para avanzar como sector, es clave actuar primero donde el riesgo es más crítico; convertir el desempeño técnico en evidencia verificable mediante indicadores ambientales, sociales y climáticos; incorporar la resiliencia desde la etapa de diseño, recordando que el costo de la adaptación siempre será menor que el de la inacción; alinear las decisiones corporativas con las oportunidades de financiamiento sostenible; y, finalmente, fortalecer la acción colectiva, entendiendo que ningún actor puede enfrentar estos retos en solitario y que la resiliencia es un resultado colectivo.