Innovar para escalar: cómo transformar el déficit cualitativo de vivienda desde la práctica

Hablar de innovación en vivienda suele asociarse a nuevas tecnologías o materiales. Sin embargo, cuando trabajamos en contextos de alta informalidad y déficit cualitativo —un problema para más de 155 millones de personas en América Latina y el Caribe— la innovación no puede ser un ejercicio abstracto ni aislado de las personas. Innovar significa resolver problemas reales de las familias, con soluciones que puedan escalar y sostenerse en el tiempo.

Diversos estudios coinciden en que el mayor desafío habitacional de la región no es la falta de viviendas nuevas, sino la precariedad de las existentes. El déficit cualitativo concentra la mayor parte del problema y exige repensar cómo se diseñan, financian y acompañan los procesos de mejora progresiva. Frente a este escenario, desde el Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda —parte de Hábitat para la Humanidad Internacional— entendemos la innovación como un proceso sistemático centrado en dar respuesta a la experiencia de construcción progresiva de las familias.

Nuestra estrategia de innovación parte de una pregunta central: ¿qué barreras enfrentan hoy las familias para mejorar su vivienda con calidad, al menor costo y tiempo posible? A partir de ahí, diseñamos soluciones que incorporan la sensibilización de los actores involucrados para hacerlo mejor, junto con asistencia técnica profesional y acceso a financiamiento. Este enfoque lo operacionalizamos a través del Partner Operating Tool (POT), una herramienta clave para llevar la innovación a escala.

El POT nos permite trabajar con todo tipo de actor fortaleciendo capacidades que muchas veces no están instaladas: claridad estratégica, eficiencia operativa, diseño centrado en el usuario y toma de decisiones basada en evidencia. Sin estos elementos, incluso los mejores productos terminan perdiendo relevancia. La historia empresarial es clara: las organizaciones que no innovan de manera contínua tienden a desaparecer, no porque sus productos sean malos, sino porque dejan de agregar valor.

Nuestra rutina de innovación no es lineal ni improvisada: es un proceso deliberado que combina enfoque estratégico, experimentación y toma de decisiones informada. Comienza con la identificación y atracción de socios con potencial, seguida de un análisis riguroso para entender si existe una oportunidad real de colaboración y si el actor está listo para experimentar. A partir de ahí, activamos espacios de engagement estructurado, donde co-creamos hipótesis, definimos qué vale la pena probar y bajo qué condiciones. La implementación se da a través de pilotos y pruebas de concepto en contextos reales, acompañadas de seguimiento, medición y aprendizaje continuo. Finalmente, el proceso incorpora momentos de check-in estratégico, que nos permiten decidir si una solución debe ajustarse, escalarse o descartarse. Innovar, para nosotros, es avanzar con intención, aprender rápido y tomar decisiones claras para llevar solo aquello que genera valor real hacia la escala.

Pero la innovación no ocurre en solitario. Por eso, uno de nuestros mayores aportes es la construcción de ecosistema. Articulamos actores que tradicionalmente no conversaban entre sí y alineamos incentivos para que la mejora de vivienda deje de ser un esfuerzo fragmentado. Al sumar capacidades, datos y visión compartida, logramos que las soluciones no solo funcionen, sino que puedan crecer y multiplicar su impacto.

Transformar el déficit cualitativo de vivienda en la región requiere algo más que buenas intenciones. Requiere procesos, alianzas y una innovación entendida como práctica constante. En el Centro Terwilliger creemos que solo así es posible pasar de la idea al impacto, y del piloto a la escala, poniendo siempre a las familias en el centro de cada decisión.