En las columnas anteriores revisamos dos pilares esenciales para avanzar en prevención de accidentes: una metodología clara para gestionar los riesgos y el desarrollo de una cultura que potencie la de seguridad de manera permanente y en todos los niveles de la organización. Sin embargo, ambos elementos solo alcanzan su potencial cuando se traducen en acciones concretas realizadas por quienes conforman la organización. La seguridad, finalmente, es un fenómeno profundamente humano.
En prevención no basta con normas escritas o procedimientos actualizados. Lo que marca la diferencia es la capacidad de los líderes para influir positivamente, y el involucramiento de los trabajadores para participar activamente. Las personas juegan el rol principal al momento de prevenir accidentes.
- Liderazgo: Visión, Decisiones y Terreno
El liderazgo en seguridad es el inicio, la base, para desarrollar entornos de trabajo que eviten accidentes. Cada líder debe tener claro el rol que tiene la prevención en la estrategia de su empresa, dar prioridad en las reuniones, considerar la seguridad al momento de tomar decisiones, y por supuesto ser un ejemplo en terreno. Un supervisor que recorre la obra, conversa con los equipos, pregunta por los riesgos del día y reconoce buenas prácticas, es clave en la construcción de seguridad. Los trabajadores perciben rápidamente si la prevención es un valor real o solo un discurso.
La digitalización puede reforzar este liderazgo al entregar a los jefes información clara y oportuna: actividades críticas del día, hallazgos recientes, controles clave pendientes. Contar con estos datos permite que los líderes lleguen al terreno preparados, conversen con evidencia y tomen decisiones informadas.
- Participación de los trabajadores: seguridad construida entre todos
Ningún gerente o prevencionista conoce la operación con la profundidad de quien realiza la tarea. Por eso la participación es indispensable: reportar riesgos, proponer mejoras, compartir aprendizajes o alertar sobre prácticas inseguras. Son los lideres quienes deben generar ambientes de trabajo que faciliten esta participación, construyendo climas de confianza para los trabajadores.
Hoy, las plataformas digitales permiten que esta participación sea más simple e inmediata. Con una foto y un comentario, un trabajador puede reportar una condición insegura o sugerir un cambio en el procedimiento. Esto no solo mejora la gestión, sino que refuerza la idea de que su voz importa.
- Capacitación y desarrollo de competencias: aprender para prevenir
La capacitación efectiva no es acumular horas en un registro, sino desarrollar competencias para reconocer riesgos, usar correctamente equipos, ejecutar procedimientos críticos y detener una tarea cuando algo no está bien. La prevención se construye con entrenamiento práctico, no solo con presentaciones en sala.
La digitalización permite complementar estos procesos con evaluaciones breves, videos de procedimientos seguros, seguimiento a competencias y trazabilidad del aprendizaje. Cuando los equipos acceden a contenidos claros y actualizados, la capacitación deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta real de prevención.
- Factores humanos y organizacionales: buscar las causas profundas de los riesgos.
La prevención moderna entiende que muchos incidentes ocurren por factores organizacionales: presión por cumplir plazos, fatiga, cambios de turno, insuficiente diseño de tareas o falta de recursos, entre otros. Integrar esta mirada permite anticiparse: ajustar cargas de trabajo, mejorar la comunicación, rediseñar procesos y reforzar controles críticos.
Aquí también la digitalización suma: datos de tendencias, patrones de hallazgos, mapas de riesgo por cuadrillas o turnos permiten visualizar dónde se están acumulando señales de alerta.
- Comportamientos seguros: el resultado visible de una cultura de seguridad
Los comportamientos son el reflejo de la cultura. Cuando los líderes son coherentes, la información fluye y las personas participan, los actos seguros se vuelven habituales. No por obligación, sino porque se realizan de manera natural.
La tecnología es un aliado poderoso para el desarrollo de las personas: entrega información, facilita la participación y ayuda a medir. La digitalización ayuda a registrar los riesgos y peligros, pero solo el liderazgo humano puede transformarlos en aprendizaje colectivo.

