Reglamentación Térmica Actualizada revela que lo barato sale caro

La actualización de la Reglamentación Térmica (RT) publicada en el Diario Oficial el 27 de mayo de 2024 comenzará a regir ahora en noviembre 2025 y representa un giro estructural para la construcción en Chile. Por primera vez, el país establece exigencias más estrictas para techos, muros, pisos ventilados, ventanas, puertas exteriores y hermeticidad, con límites específicos de transmitancia térmica (U) según zona climática. El objetivo es reducir la enorme demanda de energía que destinamos a calefacción y refrigeración, uno de los gastos invisibles más altos del país.

Las diferencias climáticas de Chile hacen que el desempeño térmico de la envolvente no sea simplemente un estándar general, sino un requisito que cambia radicalmente según la latitud. Pensemos en tres ejemplos extremos. Arica, con inviernos templados y veranos moderados, tiene un requerimiento térmico muy bajo: una vivienda mal aislada pierde poco calor y casi no necesita calefacción. Santiago, en cambio, combina inviernos fríos y veranos cada vez más calurosos: aquí la envolvente debe limitar pérdidas de calor en invierno y evitar ganancias excesivas en verano (como lo hacían las casas de adobe en la zona central), motivo por el que la RT fija valores como U ≈ 0,38 W/m²K en techumbre y U ≈ 0,60 en muros. Pero el caso más desafiante es Punta Arenas, donde el viento y el frío extremo pueden multiplicar por tres o cuatro el requerimiento de calefacción respecto de Santiago. Una vivienda sin aislación adecuada, literalmente, no logra mantener la temperatura interior (proporcionar confort térmico) sin un uso intensivo de calefacción durante gran parte del año con gas natural altamente subvencionado.

Estas diferencias no son menores. Mientras una casa promedio en Arica puede necesitar cerca de 20–30 kWh/m²-año para calefacción, en Santiago esa demanda puede subir a 80–120 kWh/m²-año, y en Punta Arenas alcanzar fácilmente 200–250 kWh/m²-año, incluso más si la vivienda tiene filtraciones o ventanas de mala calidad. Son órdenes de magnitud distintos, y justifican plenamente que la RT sea zonificada. No es lo mismo aislar para una ciudad donde la temperatura rara vez baja de 15 °C que para otra donde el viento austral empuja a la sensación térmica bajo cero.

¿Qué implican estos números para el país? Mucho. El sector residencial consume alrededor de 50.800 GWh/año, y entre 45% y 60% se destina a calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria. Es decir, entre 22.800 y 30.500 GWh/año solo para mantener condiciones de confort térmico. Si esa energía se valoriza (con la política de electrificación de los consumos energéticos) a un precio promedio de electricidad residencial—≈$220/kWh, solo a modo referencial— se obtiene un gasto del orden de 5 a 6,7 billones de pesos al año (unos 7.000 millones de USD/año). Aunque parte del consumo proviene de leña o gas, esta cifra permite dimensionar la magnitud del problema: el clima y la mala aislación están drenando miles de millones del bolsillo de los hogares. Más que cualquier reforma tributaria.

La nueva RT, al exigir envolventes mejor aisladas, ventanas más eficientes y límites al porcentaje de vidrio por orientación, apunta justamente a reducir esa carga. Una vivienda bien diseñada puede disminuir su demanda térmica en 30% o incluso 50%, lo que implica menos gasto mensual y menos contaminación. En zonas extremas como Magallanes, la diferencia entre cumplir y no cumplir la norma puede equivaler a meses enteros de calefacción adicional.

Implementar esta reglamentación no es solo una decisión técnica: es una política social y económica. Para que funcione se requiere capacitación, fiscalización y apoyo financiero, especialmente para viviendas sociales y para familias que autoconstruyen. Si Chile asume este desafío con seriedad, avanzará hacia ciudades más confortables, menos contaminadas y más resilientes. En un país de climas tan contrastados como el nuestro, la Eficiencia Energética no es un lujo: es una necesidad estratégica.

¿Cómo puede saber el usuario si una vivienda es sólo barata, pero no es económica? Para ello existe la calificación energética (Decreto Nº 5 del MINVIU, Diario Oficial 5/10/2024). Ese reglamento aplica ahora sólo para viviendas nuevas de constructoras o inmobiliarias que buscan recepción definitiva de obras, y la calificación energética será exigible como condición para la recepción municipal. Para las muchas edificaciones existentes o no residenciales estamos a la espera de la reglamentación, aunque la Ley Nº 21.305, publicada el 27 de enero de 2021, así lo exige. Con ello tendremos finalmente transparencia de costos operacionales de viviendas en el mercado, y el usuario puede tomar decisiones correctamente informado.