Incentivos disponibles para descarbonizar

En columnas anteriores hemos profundizado en la descarbonización, sus beneficios, desafíos y la necesidad de avanzar con paso firme a todo nivel. En esta oportunidad, y con el fin de apoyar la gestión de las empresas, revisamos algunos instrumentos disponibles que respaldan ese objetivo.

Existen instrumentos concretos, de acceso público, tributarios, financieros y de cooperación internacional, que pueden reducir barreras y en cierta manera premian a quien gestiona bien sus emisiones y buscan financiar proyectos de alto impacto.

En Chile ya tenemos mecanismos de financiamiento climático funcionando. La Ley 21.305 permite depreciar aceleradamente vehículos eléctricos e híbridos enchufables. CORFO dispone periódicamente de líneas de cofinanciamiento para reconversión tecnológica, eficiencia energética y tecnologías climáticas, aunque su disponibilidad cambia según la convocatoria (corfo.cl). El Instituto de Tecnologías Limpias, coinvierte directamente en soluciones de descarbonización y electrificación para minería y energía, que en su primer llamado comprometió US$24,6M y, junto a la coinversión de los participantes, movilizó cerca de US$50M en ocho proyectos (itlchile.com).

Hay también opciones para la pequeña minería. GreenMineTech, desarrollado por CIPTEMIN con apoyo de Corfo y colaboración de ENAMI (ciptemin.cl), busca acelerar tecnologías de eficiencia hídrica, energética y descarbonización para ese segmento. A las empresas que todavía compiten por sobrevivir en lo productivo y comercial les cuesta destinar recursos a reducir emisiones, aunque quieran. Australia enfrentó un dilema parecido y creó un fondo para manufactureros pequeños y medianos que cofinancia hasta el 50% de proyectos de descarbonización industrial, incluida la electrificación (amgc.org.au).

Afuera, otros países muestran que este tipo de instrumentos trae beneficios reales para la industria y los países. Canadá ofrece créditos tributarios de hasta 30% para ciertos activos elegibles de electrificación en minería (canada.ca). A nivel de mercado, la Bolsa de Metales de Londres, desarrolla referencias para posibles primas de sostenibilidad, incluido el cobre, iniciativa que busca revelar si existe un diferencial de mercado, no pagarlo. (lme.com). Gestionar la huella, en ambos casos, empieza a conectarse con variables económicas concretas, acceso a incentivos, reducción de costos y, potencialmente, diferenciación comercial.

A nivel de mecanismos internacionales, el Artículo 6 del Acuerdo de París permite canalizar financiamiento hacia proyectos de mitigación mediante cooperación entre países. El Ministerio del Medio Ambiente informó que los acuerdos de Chile con Suiza y Japón, en conjunto, permitirán implementar 22 proyectos por US$1.400 millones. Con Suiza, la Fundación KliK compra resultados de mitigación de proyectos autorizados. Con Japón, Chile mantiene desde 2015 el Joint Crediting Mechanism -JCM- (jcm.go.jp). Su programa de apoyo cubre parte de la inversión inicial. Los proyectos solares chilenos bajo este esquema ya suman cerca de 30 MW en siete sitios distintos. Los ocho proyectos del registro oficial Chile-Japón son de generación renovable, pero ninguno corresponde a minería. Un proyecto de energía eléctrica o térmica en minería podría ser el que abra esa puerta.

Ahí aparece un espacio interesante de explorar por la industria minera y otras industrias complejas. El Ministerio de Energía ya convocó una mesa público-privada para proyectos bajo el Artículo 6 que incluye expresamente a la minería. Esa instancia podría profundizar el foco minero en electrificación de flotas, reemplazo de tecnologías térmicas, gestión energética de relaves e hidrógeno verde, y explorar nuevos acuerdos bilaterales con Alemania o Corea. Articular ese puente entre financiamiento y empresas sigue siendo complejo, especialmente para la mediana y pequeña minería, quienes difícilmente estructuran de forma individual un proyecto bajo estos esquemas. Ahí, un mecanismo de agregación que empaquete varios proyectos menores en un portafolio bancarizable, tiene sentido y proyección. El JCM ya registra proyectos que agrupan múltiples instalaciones.

La descarbonización suele discutirse como una meta, una cifra al 2030 o al 2050. Pero un incentivo bien diseñado puede transformar esa cifra en una decisión concreta, que impacta no solo como beneficio ambiental, sino como palanca real de rentabilidad para el negocio.