En construcción, no todos los errores aparecen de inmediato. Algunos se manifiestan pocas horas después del hormigonado, como las fisuras plásticas, la segregación o los nidos visibles al retirar el moldaje. Otros permanecen ocultos durante años, hasta transformarse en filtraciones, corrosión, pérdida de durabilidad o deterioros prematuros que terminan afectando el desempeño de la estructura. Esa es una de las características más complejas del hormigón: muchas veces los errores quedan atrapados dentro del elemento, esperando el momento para manifestarse.
Y probablemente ahí radica uno de los mayores problemas de la construcción con hormigón: la falsa sensación de que, si el elemento “se ve bien” o cumple una resistencia determinada, entonces la estructura está correctamente ejecutada. Sin embargo, muchas patologías comienzan precisamente en etapas que suelen subestimarse en obra, como el curado, la compactación, la protección temprana o el tratamiento de juntas constructivas.
La NCh170:2016 establece que, para obtener un hormigón durable, resulta necesaria la implementación de medidas adecuadas en el diseño de mezcla, la fabricación, las correctas prácticas de colocación, compactación, curado y protección del hormigón. Más adelante, en una nota que muchas veces pasa desapercibida, agrega que el uso de materiales adecuados y una correcta dosificación no son suficientes para garantizar por sí solos un hormigón durable. La afirmación parece simple, pero tiene profundas implicancias: el desempeño del hormigón no depende únicamente de cumplir una resistencia especificada, sino también de cómo se ejecuta cada etapa del proceso constructivo.
Diversos estudios internacionales atribuyen cerca de un 30% de las patologías del hormigón a problemas de ejecución y un porcentaje similar a deficiencias de especificación. Y esto no es un problema lejano. Hace algún tiempo, revisando especificaciones técnicas de 15 proyectos en Chile, solo uno incorporaba explícitamente las condiciones de exposición ambiental a las que estaría sometido el hormigón durante su vida útil. En el resto, la especificación se limitaba prácticamente a indicar únicamente la resistencia requerida.
Sin embargo, una especificación adecuada también debe establecer criterios relacionados con el curado, el tratamiento de juntas y las condiciones de exposición de la estructura. No es lo mismo un elemento interior protegido que una estructura expuesta a ambientes agresivos o destinada a contener líquidos. En estos casos podría requerirse un curado prolongado para limitar problemas de permeabilidad y asegurar un comportamiento adecuado en servicio u otra disposición especial ad-hoc. Así también debiera quedar definido cómo se evaluarán los resultados y cuáles serán los métodos de control considerados para la obra.
Muchas veces estos aspectos quedan entregados a interpretaciones de terreno o a decisiones bajo presión. El problema es que el hormigón rara vez olvida. Un vibrado insuficiente, una junta inadecuada o un curado interrumpido prematuramente pueden no generar consecuencias inmediatas, pero sí transformarse años más tarde en problemas.
Dentro de este escenario, una de las brechas más relevantes sigue siendo la falta de conocimiento técnico y actualización permanente de muchos profesionales y trabajadores de obra. Y considerando que el hormigón sigue siendo uno de los materiales más utilizados en construcción, se debe comprender que la calidad de una estructura depende tanto del diseño como de la correcta ejecución de cada etapa del proceso.
En la próxima columna desglosaremos con mayor detalle los errores asociados directamente a la etapa de construcción, revisando especialmente como minimizar y controlar errores comunes que pueden marcar la diferencia.

