La construcción enfrenta una pregunta cada vez más relevante: ¿qué tan industrializado está realmente un proyecto o una empresa?
En un escenario marcado por la presión sobre los costos, los plazos, la productividad, la disponibilidad de mano de obra y la necesidad de construir con mayor eficiencia, la respuesta no está necesariamente en escoger entre un sistema modular, panelizado o prefabricado. El verdadero desafío está en diagnosticar primero dónde existen oportunidades concretas de mejora y cuánto nivel de industrialización necesita cada proceso.
En ese punto se encuentra la propuesta de servicios de Industrialízate, empresa especializada en asesoría para la industrialización de proyectos y negocios de la construcción. Su enfoque busca llevar la conversación desde la elección de una tecnología hacia una mirada más estratégica: medir, diagnosticar, definir y acompañar la implementación de mejoras que efectivamente aporten al desempeño del negocio. La compañía señala que trabaja mediante diagnósticos que permiten categorizar el grado de industrialización en ámbitos como materiales, métodos constructivos, tecnología, digitalización, gestión de proyectos, control de costos, prefabricación e industrialización.
¿Sirven realmente los grados de industrialización?
Una de las principales dificultades para avanzar en industrialización es que muchas organizaciones saben qué necesitan mejorar, pero no necesariamente tienen claridad sobre dónde intervenir ni cuánto cambiar. Incorporar una solución industrializada porque parece moderna no garantiza, por sí sola, mayor productividad o rentabilidad.
Los grados de industrialización buscan responder precisamente a esa brecha. Son indicadores que permiten identificar el nivel de industrialización de una partida, proceso, material, método constructivo o tecnología y, a partir de ese diagnóstico, establecer oportunidades de mejora. Industrialízate plantea estos grados como una herramienta para conocer el estado actual y determinar estratégicamente hacia qué nivel conviene avanzar.
Este concepto también cuenta con un respaldo dentro del desarrollo normativo de la construcción industrializada en Chile. La NCh3744:2023, Construcción industrializada y prefabricada – Términos y definiciones, incorpora conceptos asociados a los grados de industrialización y contribuye a establecer un lenguaje común para abordar esta transformación de la industria. En su desarrollo participó activamente Rodrigo Sciaraffia, director de Industrialízate, aportando desde su experiencia y conocimiento en materia de industrialización y prefabricación.
La incorporación de estos conceptos en una norma permite avanzar desde una conversación basada únicamente en percepciones hacia una terminología técnica que facilita evaluar y comunicar distintos niveles de industrialización. Para Industrialízate, esta mirada resulta especialmente relevante porque permite conectar la definición conceptual con una aplicación práctica: diagnosticar dónde se encuentra una organización, identificar sus brechas y establecer hacia dónde resulta conveniente avanzar.
Esto es relevante porque no todos los proyectos necesitan llegar al máximo grado de industrialización en todas sus partidas. Una solución puede ser técnicamente avanzada, pero no necesariamente ser la más conveniente para determinado proyecto. El costo, el plazo disponible, la logística, la ubicación, la escala, la repetitividad, los riesgos, la mano de obra disponible y la estrategia del negocio deben formar parte de la decisión.
Por eso, industrializar no significa simplemente reemplazar la construcción tradicional por una solución prefabricada. Significa identificar qué procesos pueden hacerse mejor, con mayor control, repetibilidad, productividad y seguridad, y establecer una hoja de ruta para conseguirlo.
Los 7 MMC: una clasificación, no una estrategia completa
En este debate aparecen los 7 Métodos Modernos de Construcción (MMC), utilizados para clasificar grandes familias de soluciones y sistemas constructivos modernos. Entre ellos se encuentran categorías asociadas a construcción volumétrica, panelizada, componentes prefabricados, construcción modular y otras formas de producción fuera de obra.
Los MMC cumplen una función importante: ordenan y permiten visualizar el universo de alternativas disponibles. Sin embargo, una clasificación de métodos no necesariamente responde a la pregunta más importante para una empresa: ¿cuál de estas alternativas necesito implementar y en qué nivel?
Ahí está la diferencia fundamental.
Mientras los 7 MMC permiten observar qué tipo de método constructivo existe, los grados de industrialización permiten analizar qué tan industrializado está un determinado proceso y cuál debería ser su siguiente nivel de desarrollo. De esta manera, ambas herramientas pueden complementarse, pero no deben confundirse.
Industrialízate plantea que sus grados constituyen una bajada mucho más detallada de los MMC, permitiendo analizar partidas específicas y establecer planes de acción para avanzar de un grado a otro. La empresa incluso ha desarrollado clasificaciones particulares, como los grados de industrialización para andamios, donde se evalúan niveles desde 0 hasta 6.
De la clasificación a la decisión
La diferencia parece conceptual, pero tiene consecuencias prácticas. Una constructora puede decidir utilizar panelización en un proyecto y continuar teniendo problemas de productividad en planificación, moldajes, logística, información, costos o gestión. Implementar un MMC no transforma automáticamente una organización en industrializada.
La industrialización requiere una mirada integral y progresiva. Por eso, el diagnóstico debe considerar tanto el proyecto como la empresa y su cadena de valor. Industrialízate ofrece, además del diagnóstico de madurez, capacitación técnica y acompañamiento para implementar planes de mejora identificados a partir de la evaluación.
La lógica es avanzar desde una fotografía del estado actual hacia decisiones concretas: identificar brechas, priorizar oportunidades, seleccionar soluciones y medir nuevamente el desempeño. Así, la industrialización deja de ser una declaración asociada a innovación y se transforma en una herramienta de gestión.
Industrializar con propósito
La pregunta, entonces, no debería ser solamente “¿qué MMC podemos utilizar?”, sino “¿qué necesitamos mejorar y qué grado de industrialización nos permite hacerlo?”
Esta diferencia puede cambiar completamente la estrategia de una empresa. En determinados casos, la respuesta estará en un sistema prefabricado; en otros, en mejorar moldajes, digitalizar información, optimizar la gestión de materiales, incorporar BIM, modificar procesos de hormigonado, automatizar determinadas operaciones o rediseñar la planificación. Industrialízate trabaja precisamente bajo esta perspectiva, utilizando especialistas y metodologías para detectar oportunidades a lo largo de distintas áreas del proyecto y del negocio.
La industrialización de la construcción, por tanto, no debiera entenderse como una carrera por incorporar la tecnología más sofisticada. Es una estrategia para hacer mejor las cosas. Los 7 MMC ayudan a ordenar las alternativas; los grados de industrialización ayudan a medir dónde está una organización y hacia dónde puede avanzar.
En una industria que necesita recuperar productividad y elevar su competitividad, contar con herramientas capaces de transformar conceptos generales en decisiones específicas puede marcar la diferencia entre industrializar por tendencia e industrializar con resultados.
Para más información sobre asesoría técnica especializada, puedes contactar a Industrialízate escribiendo al correo proyectos@industrializate.com, llamando o escribiendo mensaje al +56973357506, o visitando el sitio web www.industrializate.com.
