Protección pasiva contra incendios: entre desempeño real y cumplimiento formal

En el diseño de un proyecto arquitectónico es clave considerar la resistencia al fuego de los sistemas involucrados en la construcción, la compartimentación y los medios de egreso, entre otros aspectos de la seguridad contra incendios.

Antes que nada, debemos detenernos a pensar en una estrategia de diseño de la seguridad contra incendios en donde la protección pasiva ocupa un lugar relevante, ya que “actúa” antes, durante y después de que otros sistemas entren en funcionamiento. Por ejemplo, que el fuego quede contenido en un sector, o que la estructura mantenga su estabilidad el tiempo suficiente para evacuar de manera segura. En ambos casos, se requiere de un proyecto de protección pasiva, de la definición de compartimentos resistentes al fuego, de elementos constructivos ensayados de acuerdo con los requisitos que defina la OGUC y medios de egreso.

Sin embargo, en Chile cumplir la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) no garantiza automáticamente que ese riesgo esté resuelto. El artículo 4.3.1 fija objetivos claros —facilitar la evacuación, reducir el riesgo de incendio, evitar la propagación y facilitar la extinción—, pero deja fuera decisiones críticas como los sellos de pasadas y juntas cortafuego, el comportamiento de los sistemas de fachada o la clasificación de reacción al fuego de los materiales de revestimiento. Son zonas grises de tipo normativo y en donde la toma de decisiones termina recayendo en el criterio del proyectista o en la calidad de la ejecución del instalador.

Ahí está el cambio de mirada que la industria necesita: dejar de preguntarse "¿cumplo el requisito?" para preguntarse "¿este sistema va a funcionar realmente cuando se necesite?". Una compartimentación con un sello mal instalado no tiene resistencia al fuego: tiene resistencia al fuego nula. Esa es la diferencia entre tratar la protección pasiva como trámite normativo y tratarla como un componente del desempeño del edificio.

Y ahí llegamos a lo más crítico: cuando ocurre el incendio, ya no hay margen para corregir. Lo único que existe en ese momento es lo que se decidió en el diseño y lo que efectivamente se ejecutó en obra y acá cuentan: los defectos de diseño y construcción, las inspecciones deficientes y las modificaciones no controladas. Por eso hoy la tarea no es solo especificar bien, sino verificar exigiendo ensayos aprobados en el Listado Oficial de Comportamiento al Fuego del MINVU para cada sistema —no solo el catálogo del proveedor—, inspeccionar la instalación antes de cerrar los muros, y sostener esa condición en el tiempo, porque un sello cortafuego o una puerta con retenedor sin mantención podría perder la función esperada.

La actualización del Capítulo 3 de la OGUC en materia de seguridad contra incendios —un proceso que el país tiene pendiente desde hace muchos años— puede ser la oportunidad de cerrar varias de estas zonas grises con requisitos explícitos. Pero mientras ese cambio no llegue, la responsabilidad de exigir desempeño real, y no solo cumplimiento formal, sigue en manos de quienes diseñamos, especificamos e inspeccionamos.

Negocio&Construcción abre un importante espacio técnico para quienes toman decisiones de inversión y de diseño: ahí es donde la protección pasiva necesita una conversación profunda y transversal. ANAPCI, como asociación nacional, tiene un rol clave en esta discusión aportando criterios, estándares y experiencia práctica que permiten conectar la normativa con edificios más seguros.