Treinta años después de su creación, el Tratado Minero entre Chile y Argentina enfrenta uno de los escenarios más favorables de su historia. El crecimiento de la demanda por cobre, impulsado por la transición energética y la electrificación global, ha devuelto protagonismo a este instrumento de integración binacional, concebido para facilitar el desarrollo de yacimientos ubicados en la cordillera. En esta entrevista, Cristián Cifuentes, Líder Senior de Estudios y Contenidos de CESCO, analiza el impacto que ha tenido el acuerdo durante estas tres décadas, las oportunidades que representa para ambos países y el papel que puede desempeñar en el desarrollo de una nueva generación de proyectos mineros de clase mundial.
El Tratado Minero entre Chile y Argentina está próximo a cumplir 30 años. ¿Cómo evalúa su impacto real en el desarrollo de la minería binacional durante estas tres décadas?
El Tratado es, ante todo, un instrumento que no descansa. Su mayor mérito en estos treinta años ha sido crear un marco jurídico estable que permite operar cadenas productivas a ambos lados de la Cordillera como una sola área de operaciones, con libre circulación de bienes, servicios y trabajadores. No es poca cosa: transformó una frontera en un corredor geológico compartido.
Si bien durante estas tres décadas el número de proyectos binacionales ha sido más acotado de lo que inicialmente se proyectó, ello respondió principalmente a factores de mercado, ciclos de precios, complejidades técnicas y decisiones de inversión, más que a limitaciones del propio tratado. Hoy el escenario es distinto. La creciente demanda por cobre y minerales críticos, junto con la necesidad de desarrollar nuevos yacimientos de gran escala, vuelve a poner en valor este instrumento como una plataforma de integración que puede contribuir a acelerar inversiones, reducir barreras operacionales y fortalecer la competitividad de ambos países. Habiendo sido parte de la Secretaría Ejecutiva, sé que su continuidad nunca fue automática: sostenerlo requirió una vocación de Estado que trascendió los ciclos políticos
Se estima que los proyectos asociados al tratado podrían aportar cerca de un millón de toneladas de cobre fino al año. ¿Qué significa este potencial para la competitividad de ambos países en el contexto de la transición energética?
El mundo necesita incrementar significativamente la producción de cobre para responder a la electrificación, el desarrollo de energías renovables y la expansión de infraestructura tecnológica. En ese contexto, contar con proyectos capaces de incorporar un volumen relevante de producción fortalece la posición de Chile y Argentina como actores estratégicos del mercado global.
Para ambos países, el Tratado convierte una restricción binacional en una ventaja competitiva compartida. Chile aporta capacidad instalada y experiencia; Argentina, potencial geológico por desarrollar. Juntos, la Cordillera deja de ser un límite y pasa a ser infraestructura común frente a la demanda de la transición energética.
¿Cuáles son hoy los principales proyectos que podrían acelerar su desarrollo gracias a este acuerdo binacional?
Existen distintos proyectos ubicados en la franja fronteriza que podrían beneficiarse de las herramientas que contempla el tratado, especialmente aquellos cuyos yacimientos o infraestructura requieren una coordinación entre ambos países.
Uno de los casos más emblemáticos ha sido el distrito Vicuña, al que se suman iniciativas como El Pachón, Los Azules o Filo Sur recientemente, entre otras que forman parte del distrito cuprífero de la cordillera. Lo interesante es que las grandes compañías ya leen los Andes como un solo sistema geológico y usan el marco del Tratado para articularlo. La aceleración vendrá menos de un proyecto individual y más de entender esa cartera como una plataforma común, donde el instrumento habilita economías de escala e infraestructura compartida.
Considerando que una parte importante de la inversión se ejecutaría en territorio chileno, ¿qué oportunidades económicas y laborales se generan para el país?
Según el estudio que realizamos con Fundar, si bien el grueso inversional se realizará en Argentina, la inversión que se materializará en territorio chileno es significativa: del orden del 28% de la inversión en mina y cerca del 39% de la inversión en planta. Eso significa contratos, servicios y empleo calificado concentrados en regiones del norte que necesitan precisamente ese tipo de dinamismo productivo..
Chile cuenta con un ecosistema de proveedores mineros altamente desarrollado y con experiencia internacional, por lo que existe una oportunidad importante para que empresas nacionales participen tanto en la construcción como en la operación de estos proyectos. Esto se traduce en empleo, desarrollo regional, transferencia tecnológica y fortalecimiento de la cadena de valor minera. Este instrumento bien aprovechado no solo trae inversión, si no que podría instalar en Argentina, gracias al apoyo chileno, capacidades que quedan en el país mucho después de que la faena cierre.
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