Gestión del Alcance 3: un problema de cadena de valor

Durante años, muchas empresas se concentró en lo que ocurría dentro de límites operacionales: combustibles, electricidad y procesos industriales. Son emisiones visibles, relativamente fáciles de medir y bajo control directo de la organización. Sin embargo, cuando las compañías comenzaron a cuantificar su huella de carbono apareció una realidad incómoda, donde una parte de las emisiones no estaba dentro de la operación, sino fuera de ella.

Ese es el territorio del llamado “Alcance 3”, donde en industrias complejas, estas emisiones pueden representar la huella total (hasta un 80%), dependiendo de la estructura de insumos, transporte y servicios que sostienen la operación. Aquí aparecen las emisiones asociadas a proveedores, fabricación de insumos, transporte, servicios contratados y otras actividades de la cadena de valor.

El desafío es que tanto medir como gestionar el Alcance 3 es muy distinto a gestionar los alcances 1 y 2.

No se trata solo de calcular emisiones indirectas. Se trata de entender cómo funciona realmente la cadena de suministro de una empresa. Y dados los porcentajes de emisiones involucrados, hay que asumir que sin intervenir esa cadena, no hay descarbonización.

Uno de los principales obstáculos es la obtención de los datos. En las organizaciones, la información necesaria para medir el Alcance 3 está distribuida entre distintas áreas: compras, logística, contratos, finanzas u operaciones. Los datos existen, pero no son fácilmente ubicables ni están diseñados u organizados para gestionar emisiones, sino para operar el negocio.

Asimismo, la cuantificación se realiza con datos demasiado agregados, por ejemplo, utilizando factores monetarios promedio o bases de datos genéricas, lo que es útil para obtener una estimación del inventario, pero no para gestionar emisiones. Esto genera una falsa sensación de control, donde se puede reportar, pero no avanzar.

Gestionar implica un paso más allá, lograr identificar qué actividades generan emisiones, quién toma las decisiones relacionadas y qué incentivos están alineados -o desalineados- con su reducción.

Por esta razón, el Alcance 3 es, en gran medida, un problema de gestión de la cadena de suministro y provisión de servicios.

Las decisiones que determinan estas emisiones ocurren principalmente en procesos de compra, contratos con proveedores, logística y planificación de proyectos. Esto significa que cualquier estrategia de reducción requiere algo que muchas organizaciones aún evitan, “incorporar el carbono como un criterio real de decisión en supply chain, no como una variable”.

A esto se suma otra complejidad, la dispersión organizacional. Mientras las emisiones directas suelen concentrarse en pocas fuentes, el Alcance 3 puede involucrar cientos de flujos distintos de insumos, servicios y transporte. Cada uno depende de áreas distintas dentro de la empresa (con incentivos, prioridades y kpi’s distintos), lo que obliga a desarrollar mecanismos de articulación interna. Sin esa articulación, el Alcance 3 se transforma en un ejercicio técnico aislado, sin impacto operativo.

Las medidas de reducción también operan en distintos horizontes, pero no todas requieren grandes inversiones ni disrupciones tecnológicas. En el corto plazo, muchas reducciones provienen de decisiones operacionales: optimización logística, consolidación de cargas, selección de proveedores con menor intensidad de carbono, preferir insumos locales o sustituir materiales específicos. Son medidas disponibles hoy, pero que rara vez están en los criterios de adjudicación priorizados.

En el mediano plazo, el foco se desplaza hacia el trabajo conjunto con proveedores: medición de emisiones, incorporación de criterios climáticos en contratos y programas de mejora en la cadena de suministro.

En horizontes más largos aparecen desarrollos y transformaciones tecnológicas más profundas, como electrificación del transporte, nuevos combustibles o cambios en procesos industriales aguas arriba. Pero llegar a ese punto sin haber sistematizado los datos y las decisiones previas es, simplemente, ineficiente.

Para que estas decisiones sean posibles, primero es necesario entender con suficiente detalle dónde están realmente las emisiones dentro de la cadena de valor. Sin ese nivel de profundidad, cualquier estrategia de Alcance 3 es, en el mejor de los casos, declarativa.

Cuando ese nivel de información existe, el Alcance 3 deja de ser solo un número en un reporte y pasa a convertirse en una herramienta de gestión estratégica. Y ahí aparece la verdadera oportunidad: pasar de empresas que reportan emisiones, a empresas que son capaces de gestionarlas y, en consecuencia, competir en un entorno donde el carbono ya dejó de ser un indicador ambiental y pasó a ser una variable de negocio.