A los 25 años tuve el trabajo perfecto. Una buena jefa preocupada por mí, muchos cursos de capacitación, café de máquina ilimitado, podía firmar contratos, tenía chofer para visitar clientes, buen sueldo, buenos bonos, bonita oficina, paseos, buenos amigos y tarde libre los viernes. También hacían una fiesta a final de año y me daban muchos regalos con el nombre de la empresa. Y saben qué, renuncié y no solo eso, me cambié a un trabajo por sueldo 100% variable.
Cada quién con su locura. En ese trabajo, mi primer trabajo, aprendí mucho de las formas y descubrí que, aunque muchos hagan lo mismo, no todos tienen las mismas motivaciones. Las personas ven el mundo de colores diferentes y dan valor a diferentes cosas.
En mi locura, me sedujo un camino nuevo, desconocido, de menor control, más desafíos y por supuesto más aprendizaje. Costalazo tras costalazo, algo he aprendido. Ahora tengo claro, que no te pagan por el esfuerzo, te pagan por el impacto y por la convicción en la dirección que llevas.
Desde entonces me obsesione con las estrategias y las personas. Me he especializado en los modelos de negocios y en cómo cambiar empresas a partir de la comprensión profunda de los contextos. Me gusta escuchar charlas de referentes, mantener una red de contactos diversa, leer de todo, analizar negocios y casos, entender el impacto de las personas, pero sobre todo, quedarme pensando cada vez que alguien me dice algo contra intuitivo. Me gusta entender a los que no dicen que sí a todo.
Hoy lidero transformaciones, reinvento negocios y enseño de estrategia, por eso quiero invitarlos a reflexionar con esta columna.
Lo importante
Lo difícil de planear y diseñar estrategias, no es la teoría, es hacer que lo diseñado sea factible dado el contexto, las capacidades, las personas y la cultura, es decir, hacer que pase.
El avance tecnológico es inevitable, se vienen transformaciones fuertes. No se trata de justicia, pero debemos tener claro que en las transiciones hay externalidades. Si cambiamos la forma en que hacemos, de fondo, cambiamos la forma en que pensamos. Pero la tecnología no tiene por qué cambiar la forma en que sentimos.
En mis años de experiencia, he visto casi de todo. He visto aparecer y desaparecer empresas que parecían eternas, he participado en la creación de negocios, en la incubación de ideas y he acompañado empresas al borde de la quiebra. He entendido lo que es trabajar con otras culturas y países, más allá de la cultura organizacional declarada, la real, la que permite que las cosas ocurran y me ha tocado ver a profesionales de todo tipo, de los talentosos, de los buena persona, de los imparables, de los carismáticos. De los que lideran con pasión y de los que se pierden y no avanzan. De los ingenuos y de los que no actúan bien. Y mi conclusión es que las personas siempre son y serán lo más importante, pero hoy más que nunca el llamado es a cuidarlas.
La tecnología genera distancia emocional, impacta el trabajo en equipo y afecta de manera profunda las relaciones humanas. Si entendemos que lo más valioso son las personas, entonces, es a lo que más tiempo debemos dedicar. Así de sencillo, así de complejo. Recuerda que un buen líder cambia la vida de las personas que dirige. Cuidar, cuidar, cuidar, desarrollar personas y crear líderes.
La mejor organización, no es ni será la que tenga los mejores procesos, ni la mejor tecnología. Será la que tenga a las mejores personas. Y con mejores personas podemos hacer mejores negocios, no de los que solo ganan dinero, sino de los que hacen de este mundo algo mejor.
Apaga el automático
Si vas pedaleando a todo ritmo, te invito a frenar. Tranquilo, no te caerás. Frena, respira, observa y repara.
Revisa la estrategia, replantea el FODA, dale el valor que merece a lo que es realmente importante. En este mundo de relaciones y cooperación, reescribe el modelo de negocio. Vuelve a la esencia, a lo que te hace feliz, cuando disfrutabas el proceso y te brillaban los ojos. Hazlo en equipo, no juegues solo detrás de una pantalla. Recuerda que cuando jugamos en equipo lo importante no es llegar antes, es llegar juntos.
A veces simplemente basta con cuestionar lo que hacemos y lo que creemos correcto. Mira la agenda y pregúntate si son las reuniones que quieres y que necesitas. Muévete ligero, aprende y desaprende, conócete y adáptate, aprende a vivir con la incertidumbre, a fluir, colaborar y evolucionar.
En mi opinión (no solicitada), el éxito muchas veces genera rutina, algunos lo llaman comodidad, y la comodidad puede llevarnos al estancamiento. Mejor vivir con intensidad, sonreír con intención, caer con gracia, saboreando las derrotas y festejado las victorias, pero por sobre todo, compitiendo apasionadamente como si cada día fuera el primer día del 100% de la vida que te queda.
La elección y la estrategia son tuyas, no delegues tu esencia, el éxito implica elegir.

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