¿Recuerdan Alicia en el país de las maravillas? Cuando cae a un mundo extraño, lleno de personajes excéntricos y diálogos confusos. Durante años lo han calificado como un cuento infantil, pero hoy, en pleno proceso de revolución digital, podría parecerse en algo a nuestro día a día. Comencemos repasando los personajes clave.
- Desorientación y necesidad de encajar, ALICIA, no sabe dónde está, por qué esta allí, ni qué hacer con claridad. Crece y se encoge en función del entorno, una especie de ego profesional amplificado por likes, seguidores y métricas vanidosas, se encogen cuando se sienten impostores, para encajar y no incomodar. Alicia no está perdida solo porque el mundo sea extraño, sino porque no sabe bien quién es ni a dónde quiere ir. Y eso hace toda la diferencia. El liderazgo maduro sabe cuándo actuar y cuando retirarse. Las redes sociales premian el ruido; la estrategia premia el criterio.
- La tiranía de la urgencia, el CONEJO BLANCO, que vive corriendo, obsesionado por el reloj, sin cuestionar a dónde va ni por qué. Tal como los profesionales y empresas que viven atrapados en el ritmo, no en el rumbo. Mucha actividad, poca reflexión estratégica. No se debe confundir movimiento con progreso. No todo lo urgente es estratégico, y no todo lo estratégico se mueve rápido.
- Conversaciones sin sentido, el SOMBRERERO LOCO, que dialoga sin parar, de forma circular, habla mucho pero no avanza. En algunas organizaciones se vive de las polémicas vacías y la opinología constante. Opiniones rápidas, sin responsabilidad ni consecuencia. Por ello, se debe tener claro que no toda conversación agrega valor. A veces, necesitamos ser rebeldes y pensar lento.
- Poder sin reflexión, la REINA DE CORAZONES, “¡Que le corten la cabeza!” antes de entender el problema. Inicio y termino de iniciativas digitales, juicios inmediatos en redes, liderazgos que confunden autoridad con reacción. El poder sin pausa es peligroso. Es necesario escuchar antes de decidir.
- El sentido antes del camino, el GATO DE CHESHIRE, “si no sabes dónde quieres ir, cualquier camino te sirve”. Estrategia sin objetivos claros, presencia sin propósito. La estrategia es elegir. El foco no es la tarea, es la intención.
En un mundo lleno de conejos apurados, sombrereros ruidosos y reinas impulsivas, el verdadero liderazgo sigue siendo saber quién eres, qué defiendes, hacia dónde vas y hacia dónde no estás dispuesto a ir.
Irresponsabilidad estratégica
Cuidado con caer en los discursos sobre innovación, datos, inteligencia artificial o futuro del trabajo, sin tomar decisiones difíciles. La estrategia no es hacer muchas cosas, sino elegir pocas, con sentido, y sostenerlas en el tiempo. Los planes pilotos pueden ser útiles, pero cuando no están anclados en una definición clara de valor, terminan siendo solo experimentos interesantes que no transforman nada.
Se debe distinguir entre estrategia e iniciativas aisladas. Esto es especialmente relevante en organizaciones técnicas y complejas, donde la tentación de “pruebas” es alta. Cuidado con los Directorios donde se revisan iniciativas, se aprueban pilotos, se jactan de los indicadores, pero no se hacen la pregunta esencial: ¿qué problema estratégico estamos tratando de resolver como organización? La velocidad se confunde con avance, y la agenda se llena de acciones que no cambian nada relevante. Un avance digital no es estrategia, una plataforma no es transformación y una presentación bonita no es ninguna decisión. Algunas organizaciones celebran la actividad: reuniones, proyectos, indicadores y dashboard relucientes, pero no se hacen la pregunta: ¿para qué?
Les dejo algunas preguntas incomodas:
- ¿estás realmente definiendo el rumbo, o solo administrando la marcha?
- ¿estás gobernando la estrategia, o delegándola al equipo de tecnología?
- ¿estás dispuesto a liderar la transformación y redefinir algunos límites?
- ¿para qué son las actividades que aparecen en tu agenda?
Lo digital no es un fin, es un medio para hacer mejor lo que importa. Si no defines el camino y no revisas el modelo de negocio, el mercado lo hará por ti.
Hacerse cargo del sentido
La verdadera responsabilidad de un directorio no es aprobar iniciativas digitales, sino hacerse cargo del sentido. Y eso, a diferencia de los procesos y plataformas, no se puede tercerizar.
Tal vez, en tiempos de tecnología, acelerada digitalización, sobre información e irrupción de la IA y de los agentes automatizados, la pregunta más estratégica siga siendo la misma que le hicieron a Alicia: “¿Quién eres tú… y qué problema estás genuinamente tratando de resolver?”

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