La alta evaporación de agua puede afectar al hormigón en sus propiedades, inicialmente en la etapa de colocación a través de la pérdida de docilidad y, en el hormigón colocado, acelerando el fraguado, favoreciendo las fisuras plásticas, reducción de resistencias mecánicas a largo plazo y su durabilidad.
Los factores que afectan la tasa de evaporación son: 1) temperaturas ambiente y 2) temperaturas del hormigón, 3) humedad relativa y 4) velocidad del viento; para esto la NCh170 y otros documentos técnicos entregan la fórmula matemática para su determinación, también es posible determinarla gráficamente a través del nomograma de evaporación. Como sea que se calcule, debe ser parte de la gestión de los profesionales que trabajan con hormigón.
La NCh establece un valor crítico de 1 kg/m2/h, otros documentos la establecen en 0,5 kg/m2/h e incluso 0,2 kg/m2/h, en cualquier caso, debemos procurar la mitigación del riesgo de fisuras plásticas en cualquier escenario a través de controlar activamente los factores que elevan esta tasa, ojalá desde la especificación.
Hay variables que no es posible controlar directamente; la temperatura ambiente es probable que no se pueda “bajar” a necesidad de la obra, pero se puede gestionar considerando mejores horarios de hormigonado, a través de la programación. Tampoco es posible solicitar hormigones con bajas temperaturas, pero en obra podemos favorecer que la temperatura del hormigón no se eleve a través de una descarga rápida, toldos en zonas de espera de los camiones mixer y verificado/solicitando que en las plantas se cubran áridos (en especial los gruesos) y estanques de agua; respecto de la incidencia de temperatura de los componentes a la temperatura del hormigón, el más relevante es el agregado, por cada 10°C de aumento en su temperatura, incrementa 6°C a la temperatura del hormigón, mientras que el agua por cada 10°C incrementa 3°C y el cemento, 1°C.
En cuanto a la velocidad del viento, es necesaria una evaluación por parte de la obra para implementar barreras que eviten la exposición del hormigón recién colocado a ráfagas, por lo mismo puede no ser incidente en un subterráneo, pero si en edificación en altura o en explanadas para pavimentos.
Finalmente, para aumentar la humedad relativa, pueden implementarse riegos tipo llovizna desde muy temprano en el curado, con todo se debe evaluar la efectividad del método previsto, si un método no es suficiente para evitar las fisuras se deben complementar con otros como membranas de curado o cualquiera que evite la rápida evaporación de agua.
Para evaluar la efectividad de las medidas de curado se puede realizar el cálculo de la tasa de evaporación y relacionarla a la aparición de fisuras a través de una inspección y levantamiento o mapeo de dichas fisuras, esto con carácter de forense, es decir ya se presentó el daño; pero lo que puede marcar la diferencia es hacerlo de manera predictiva de modo de favorecer horarios adecuados, una rápida colocación e inmediata aplicación del curado y relacionarla a la no aparición de fisuras, validando el proceso.
Cabe destacar que la NCh170-2016 establece que “el uso de materiales adecuados y una correcta dosificación de ellos no son suficientes para garantizar por sí solo un hormigón durable” y que “para obtener un hormigón durable, resulta necesaria la implementación de medidas adecuadas en el diseño de mezcla, la fabricación, correctas prácticas de colocación, compactación, curado, protección del hormigón”.
En este sentido resulta necesario que la planificación del vertido considere las condiciones ambientales al momento de la colocación y se pueda implementar una metodología sistemática que anticipe las condiciones adversas para intensificar las medidas y procesos de protección del hormigón cuando se tenga un riesgo inminente de la presencia de cualquiera de las condiciones de riesgo.